Segundo día en Estocolmo


Pusimos alarma a las siete para salir a recorrer desde temprano…pero el sol me despertó antes que la alarma. Amanece a las 5.30h y la luz es blanca, pero un blanco diferente que a ninguno de los dos nos parece conocido. 

Ahora son las once de la noche y estamos en el metro camino de vuelta a la pieza, nos acordamos de esa luz blanca y tenemos ganas de volver a verla mañana. Justo hoy en la catedral Storkyrkan había una pintura que se llama el Parhelio: un fenómeno luminoso que ocurrió en 1535 en el que aparecieron seis círculos luminosos con imágenes del sol. 

Siento que este día fue más largo que ayer y claramente no lo fue, pero de todas maneras fue bieeen largo:

Entramos a la iglesia Adolf Frederiks Kyrka en la que estaban cantando, era blanca y muy diferente a las iglesias que conocemos. Luego caminamos a la plaza Sergels Torg (que es como plaza italia) y entramos a un pseudo Gam en el que había una biblioteca enorme con muchos discos y libros interesantes. Antes de llegar ahí nos encontramos con una oficina turística (muy conveniente) de la que sacamos muchos papeles con informaciones de los museos de Estocolmo. 


Almorzamos al lado de un árbol cerca del City Hall, el almuerzo eran los fideos que nos hicimos en la casa de la Patou antes de partir nuestro viaje jajaja. Decidimos ir al city hall, a pesar de que habíamos dicho que lo veríamos por fuera solamente…por suerte entramos, era maravilloso! Mañana iremos a la visita guiada en español. 

Luego partimos al Palacio Real en el que compramos los tickets para los cuatro museos de los cinco que tiene. Alcanzamos a ver el «The Treasury», el que tiene los tesoros del palacio real. Lamentablemente no se podían sacar fotos pero todavía lo tengo fresquito: habían coronas de príncipes y princesas de 1500-1600-1700, tenían diamantes y piedras incrustadas y perlas en las puntas y alrededor. Habían unas espadas en las que estaba tallada la historia de Roma y la historia de Egipto (en el filo y no en el mango). Cetros y globos de oro. Una capa de terciopelo morado y piel (no sé de qué animal) muy larga y con coronas de oro bordadas. Una llave gigante que representaba la llave de la ciudad. 


Después como ya eran cerca de las cinco y no alcanzaríamos a ver bien los otros museos pagados fuimos al que estaba al lado (gratis y con wifi) que era bien parecido, pero mostraba armaduras y vestimentas. Era muy impresionante también y uno se da cuenta que en verdad las armaduras medievales son muy freak. Algo muy pulento de este museo era que estaba pensado para niños también, había unos ratoncitos de juguete escondidos entremedio de la exposición que eran parte del tour de niños. Al final había toda una pieza y un segundo piso dedicado a los niños, había disfraces, juegos didácticos, hojas para dibujar y pintar, etc. 

El día estaba oscilante de clima: llovía un poco y luego salía el sol. Cuando nos fuimos del museo estaba lloviendo un poco, pero igual nos pusimos a caminar un buen trecho para llegar a tomar cafecito (fika) a un lugar que recomiendan en la guía. Menos mal fuimos porque era un lugar muy agradable en que uno se sentía muy cómodo. La gente tenía las patas encima de la silla, algunos reclinados en unos sillones, etc. Además era súper rico y pudimos quedarnos un buen rato buscando en internet sobre los museos y nuestros próximos panoramas. 


Por último fuimos al museo de fotografía que se llama ‘Fotografiska’ y que en todos lados recomiendan ir aunque la entrada no es barata. 

Nosotros también recomendamos ir, es espectacular. Especialmente porque nos tocó una exposición excelente de Nick Brandt, «Inherit the dust» de la que los dos salimos muy emocionados, tanto que tuvimos que comprar el libro para que no olvidáramos lo que vimos. Habían varias expos al mismo tiempo, otra era de Bryan Adams sobre personajes famosos y heridos de guerra. 

Caminamos hacia el metro y para variar la persona que nos vendió los ticket era muy simpática, con mucha paciencia así que partimos felices de vuelta a la casa. 

Ahora ya estamos en la camita terminando de escribir nuestro día, después de haber comido una clásica sopa china instantánea. 

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