Copenhague – día 1


Hoy escribimos con retraso porque ayer nos quedamos dormidos, tal vez por andar en bicicleta, las largas caminatas y lo asombrados que estamos al recorrer esta ciudad.

No partimos muy temprano, la pieza es tan linda y la cama tan rica que no nos dan ganas de salir. De todas maneras salimos a caminar y perdernos entre los parques hasta llegar a la ciudad. Cathrine nos explicó ayer que el metro casi no se usa y no llega hasta aquí, solo los buses y los ticket se compran en una app, así que decidimos caminar hasta la ciudad y arrendar bicicletas. Entramos a todos los parques que fueron apareciendo y casi sin darnos cuenta entramos al jardín botánico. Es maravilloso, hace mucho tiempo que no nos sentíamos tan afortunados. Caminamos durante mucho rato y luego nos sentamos a almorzar frente a una laguna que tenía patos, cisnes, peces y tortugas. Nos costó salir y seguir caminando hasta la ciudad, pero pensar que estaremos tan poquitos días nos obligó a recorrer. Conversamos mucho sobre lo mucho que nos gustaría vivir en esta ciudad después de terminar los estudios en la universidad, el parque nos hizo soñar.


Sin darme cuenta, y seguramente Puchunco siempre supo, llegamos al centro. En el camino nos metimos a todas las tienditas que iban apareciendo, con ganas de comprarnos todo para hacer nuestro el departamento. Obviamente nos contuvimos porque no tenemos cómo llevarlo de vuelta.

Las calles son preciosas, tenemos que mirar a ambos lados varias  veces para asegurarnos de que no vengan autos y sobretodo bicicletas. Los edificios son antiguos y cada uno de colores diferentes 

Llegamos al palacio de gobierno, era muy impactante y diferente. Las paredes tenían pintadas la señalética.

Después seguimos paseando y encontramos la tienda: Illums Bolighus. Era muy elegante pero de todas maneras encontramos los impermeables Rains que nos protegerán de las feroces lluvias.

Caminamos harto, como una hora para arrendar las bicicletas por dos días, fue una perfecta decisión. Anduvimos hasta la casa con mucho cuidado porque el freno de la rueda de atrás es con el pedal y no estamos acostumbrados.


Paramos dos veces, la primera para sentarnos frente a un canal y ver el paisaje, la ciudad, el agua, la gente que paseaba y regalonear. Después nos encontramos con una feria y compramos espinaca, tomates, champiñones y pimentones para cocinarnos el almuerzo del próximo día.

En la noche nos cocinamos papas con zanahorias y nuestro querido y único aliño citronpeppar  que compramos en Estocolmo y lo acompañamos con unas salchichas que hizo Puchunco, estaba riquísimo.

Cosas que nos han impactado: Tanto en Estocolmo como aquí los niños andan solos, niños de 10 años, con sus llaves colgadas al cuello, sentado en el metro con más seguridad y claridad que nosotros. Las bicicletas solo están trancadas con la rueda trasera y las dejan en la calle a pesar de la lluvia.

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