Copenhague – día 2: la invasión zombie


Claramente no hubo zombies. Pero sonaba cool. 

Como ya es costumbre la puchunca se despierta antes de las 7 am y yo sigo durmiendo hasta las 9:00 (según ella me despierto más tarde, pero son puras calumnias). Luego de la ducha mos hicimos un desayuno riquísimo, pensando en que un buen desayuno ayuda a que no nos de tanta hambre durante el día. Acá hay unas fotitos!

 

Un detalle secreto dobre este desayuno es que buscando sal para ponerle a los huevitos encontré una bolsa que decía salt y otras palabras en danés, por lo que la llevé a la mesa. Cuando la Puchunca la probó me dijo que estaba asquerosa y efectivamente no tenía sabor a sal!! Investigando en internet descubrimos que era un químico que servía para espantar mapaches, disolver babosas y de abono a los árboles. Sin comentarios….

Hasta ahora no habíamos hecho las cosas turísticas típicas, excepto ver la estatua de la sirena. Entonces decidimos ir al centro y visitar el Nyhavn (ni idea de cómo se pronuncia) que es un sector a la orilla del mar, con casas de colores y harta actividad turísitca. Ahora que tenemos las bicis llegamos en 10 minutos a cualquier lado! Aunque debo decir que ese primer trayecto partí haciéndolo un poco rápido y la puchunca se cansó un poquito jaja. 

Después fuimos caminando a la ‘Ciudad libre de Cristiania’, un lugar pseudo independiente que es súper hippie y donde se pueden vender algunas drogas. Era bien especial, pero no es nuestra onda y más que disfrutar del lugar empezamos toda una reflexión sobre lo que es ser hippie o la gente que siente que no encaja en el «sistema». Fue una larga cháchara… Todo eso mientras caminamos de vuelta a las bicis para ir en busca del museo de diseño, sin saber que en el camino nos toparíamos con la iglesia de mármol. Obviamente paramos y aprovechamos de entrar, ya que por fuera se veía magnífica. Paradójicamente era muy fea por dentro, pintada de blanco y con aires modernos, muy diferente a lo que uno considera un templo antiguo. De todas maneras tenía dos organos gigantes que eran sorprendentemente grandes. Cuando proseguimos camino al museo nos pillamos con el cambio de guardia, que era infinitamente más charcha que el de Estocolmo. Aunque estos guardias eran más chistosos porque usabam unos gorros negros peluditos, como de piel animal. Nos sentamos frente al mar y nos comimos nuestro preciado almuerzo, que resultó no estar tan bueno… No es taaan buena idea comer omelet fría. 

El museo de diseño era gratis si tenías menos de 26 o si eras estudiante, lo que sumado a que era un edificio bonito con un parquecito interior, hacía que ya fuera un museo muy bacán. Había exposiciones de arte japonés, por ejemplo de Hiroshige. Después seguía con una enorme colección de cerámicas, vestimentas antiguas, muebles daneses, vestimentas modernas y diseño contemporáneo. También había una exposición sobre unos estampados que se hicieron en Dinamarca en los años 40, los cuales colgaban desde el techo sin ningún tipo de protección más que un ‘please do no touch’. Al terminar el recorrido nos tomamos un cafecito sentados en el patio y dejamos pasar el rato, porque estaba muy rico el ambiente. 

Salimos tipo 18:00 del museo para pasear en bicicleta un rato, para luego llegar al cementerio ‘Assistens kirkegård’. Igual que en Estocolmo los cementerios son parquecitos muy bien cuidados con lápidas entremedio y éste en particular era precioso. Estaba la tumba de Andersen, acá hay algunas fotitos.

 

A la vuelta volvimos a cocinarnos papistas y zanahorias cocidas acompañadas de salchichas. Pero esta vez decidimos ponerle pimientos salteado y la verdad es que quedó un poco pesado… Además qué sentido que quizás molestamos un poco a los dueños del departamento, porque nos pusimos a saltear cuando ya se habían ido a acostar y dejamos la casa pasada!