Navidad Chez los Puchuncos en París
Nos levantamos tarde con desayuno navideño, con galletitas duras hechas el día anterior, café y fruta. Con la Pauli nos distrajimos un poco haciendo paquetitos de galletas para la panadería, carnicería, verdulería, la gardienne y para el que nos atiende en Nicolas. Tipo tres nos dimos cuenta de la hora, llamamos a Puchunco que andaba en Decathlon con el Nacho para ver dónde nos juntaríamos!
Pasamos a dejar las bolsitas con la Pauli, la gente del barrio estaba emocionada, nadie podía creer el cariño. Partimos el rumbo hacia el Marais, pero nos bajamos el Hotel de Ville y pasamos a Camper a preguntar por los descuentos post-navidad. Luego seguimos por callecitas chicas hasta encontrarnos con los chicocos en la Place des Vosges. Después de eso nos sentamos a comer unas papas fritas en un cafecito y seguimos rumbo al barrio latino. Mientras pasaba toda esa caminata, en la que estábamos congelados yo hablaba con mi Monito lindo y le mostraba París. En ese momento ella aún no sabía que en Abril vendría con mi Mamá.
Nos volvimos a la casa y lo primero es lo primero, Puchunco partió a hacer sopaipillas y yo a moler la sopa! Mientras tanto el Nacho sacaba los quesos y el vino. Nos instalamos a comer quesos y tomar mientras el zapallo se hacía en el horno. La Pauli se puso a hacer FaceTime con su familia y las dos llorábamos de emoción al otro lado de la pantalla. Los chiquillos en la cocina, Puchunco amasaba y una vez que las terminó nos pusimos a comer sopaipillas con pebre. Después de un rato conversando y que la Pauli ya se fuera a hablar con Andrés por teléfono me puse manos a la obra con el risotto. El Nacho quería aprender así que estaba al lado mío de ayudante de cocina. Al rato después de comer y seguir webiando Puchunco habla con la Anto por teléfono y estos dos se ponen a cantar y tocar Ukelele (las canciones del principio). Seguramente el orden cronológico de lo que he contado no fue así, pero me interesó dejar para el final la llamada por FaceTime con mi casa mientras ellos abrían los regalos.
Yo lloraba mientras ellos se abrazaban y abrían los regalos, aunque lo único que yo esperaba era el regalo del mono. La famosa maleta verde con los pasajes de su viaje adentro. Mi mono precioso, tan grande y al mismo tiempo tan niñita. No entendió nada jaja y lloraba de felicidad y después se contenía y volvía a llorar. Yo por mi lado también lloraba de emoción y de felicidad…ahora sí podría hablar del tema con ella y empezar a planear el viaje.
No sé cómo fue el cuento para quedarnos dormidos pero tengo la sensación de que caímos muertos!
Tengo que decir que este risotto es de los mejores que hemos hecho, quedó muy muy sabroso porque el caldo tenía mucha enjundia y compramos tres tipos de champiñones que le dieron un sabor muy rico.
Fotos del día:




