Como es habitual en nosotros partimos el día un poquito más tarde de lo que esperábamos, tipo 12:00 estábamos saliendo. En parte nos atrasamos porque nos quedamos preparando el almuerzo con las cosas que habíamos comprado ayer: Fideditos portugueses, queso flamenco, aceitunas verdes, jamón y tomateros cherry. Al salir ya estábamos cagados de hambre así que dimos unas cuantas vueltas buscando algún lugar para tomar desayuno. Como no encontramos nada en el camino, nos devolvimos unas cuadras para ir al mismo café de ayer ya que sabíamos que es todo Wendi. Es el que estaba en Rua das Flores 180.
Nos pedimos un jugo de naranja, un capuchino y un pasteis de nata cada uno y quedamos un ratiño conversando sobre el más allá.
Después partimos nuestro camino por la costa con la idea de avanzar todo lo que pudiésemos. Originalmente el recorrido que pensamos era larguísimo, así que fuimos tranquilos por las piedras cachando la wave. Era especial ver cómo nos alejábamos del centro histórico y la ciudad se iba convirtiendo progresivamente en un pueblito, sin turistas, con viejos chichas y plazas bonitas. Al frente del río había un incendio y nunca logramos averiguar si era controlado o si era un siniestro.
Después de un par de horas estábamos todos cansados, así que nos sentamos un ratico y teníamos la idea de volvernos hasta que…. Vimos el faro que estaba un poco más allá!! Camino al faro empezamos a ver que estaba lleno de viejujos pescando, como si fuera una cosa tradicional que hicieran los señores una vez jubilados. El lugar donde estaba el faro era especial, porque justo se junta el mar con el río y se ven corrientes de agua que van en todas direcciones, además de colores y formas especiales. Nos quedamos harto rato sentados mirando el mar, sintiendo el viento y el sol que nos llegaban a la cara, cachandole la onda a los ancianitos que pescaban. Mientras estábamos sentados se nos acerca una señora que estaba paseando un bóxer medio ‘mestizo’, por no decir que era medio cachupín jajaja. El perrito se nos acerca y hace esa típica sea de perros: Subirse encima de tus rodillas, olerte entero y chupetearte las manos. Obviamente quedamos todos contentos y el perrito nos cayó todo bien, así que decidimos bautizarlo como Brayatan.
A la vuelta nos tomamos el tranvía que hace el mismo camino bordeando el río. Es un tranvía antiguo que todavía conserva gran parte del interior original, era muy bonito (aunque cobraban 2.5 euros los muy hijos de perra). Nos bajamos a la altura del centro y partimos caminando hacia la parte tradicional antigua que no habíamos visitado todavía: la Rua Santa Catarina. Era una especie de paseo ahumada, no tenía tanta gracia. Pero de todas maneras valía la pena conocerlo, en parte porque ahí están algunos restoranes importantes, como el café Majestic (el más antiguo de la ciudad) o el café Santiago (las mejores Francesinhas de Porto). Hay que decir que pasamos a la Fnac y nos compramos el disco de la cantante de fados que nos gustó, a tan solo 5 euracos. Después pasamos a proba esa tal Francesinha, que resultó ser una de las feas más chanchas que he comido en mi vida: sobre una cama de papas fritas se pone un pan, mortadela, salchicha, queso, carne delgada, más pan, jamón, en la parte alta un huevo frito rodeado de queso y encima lleva una salsa especial. Era riquisisisisisismo.
Después nos volvimos al departamento y nos preparamos para la partida de mañana. El sueño es un bien muy preciado.
