De vuelta a Nipples (o Nápoles)

Aunque parezca increíble nos despertamos temprano porque teníamos una misión importante, que básicamente consistía en bañarnos, ordenar nuestras cosas y almorzar a las 10 am. Fuimos muy rápidos en todo así que alcancé a hacernos una ensalada de lechuga, tomate y jamón que había sobrado. Después hice el plato tan esperado: tagliatelle frescos con salsa de tomate con carne. Estaba riquísimo pero claramente fue una muy mala hora para comerlo porque los dos quedamos medios moribundos y nauseabundos después. Claramente no teníamos tanta hambre en la mañana, pero no queríamos desperdiciar esa rica comida que habíamos comprado con anticipación.

Al dejar el depto nos fuimos a sentar a un mirador al borde del mar, para sentir la brisa, mirar el paisaje y esperar que bajaran los tallarines. Estuvimos todo el tiempo sentados frente a una gaviota malévola que cada cierto tiempo se ponía a hacer unos sonidos de guerra, seguramente para alertare a sus compatriotas que estábamos cerca y tenían que venir a atacarnos. Afortunadamente ningún omnívoro nos atacó. Fue muy bonito estar abrazados tanto rato mirando a los viejitos que paseaban, el mar de fondo y el Vesubio camuflado entre las nubes. Después nos fuimos a sentar a un café que tenía una pinta media gringa, pero se veía agradable. Estuvimos un buen rato reposando y preparando nuestra psiquis para el viaje. Yo tomé un capuchino y un helado de leche con chocolate, mientras que la Cachimurra un jugo de cítricos con un muffin de arándanos.

Después caminamos a la estación de tren para partir a Nápoles. El tren partió 20 min después que llegáramos y afortunadamente nos pudimos ir sentados todo el viaje. Una vez en Nápoles vinimos directo al hotel a dejar las cosas. El hotel se llama Virgilius y está al lado de la estación, es como medio pretencioso, pero limpio. Ya eran tipo 14:00 así que salimos a caminar y ‘almorzar’ una pizza a medias. Pasamos a una pizzería que según dicen en la Interntet es la segunda mejor. Se llama ‘Il Presidente’ y comimos una Margherita con jamón. A pesar que era muy rica, se nota que la otra era mejor y mucho más finolis. Después seguimos caminando por El Centro hasta la calle Toledo. Pasamos por unas plazas muy bonitas en El Barrio universitario. Después pasamos hacia un barrio más elegante que tenía tiendas de lujo y se veía mucho menos flaite. Entramos a un supermercado y compramos unos calderos Maggi de champiñón que se vecina especiales, un queso Pecorino y otro queso que se veía rico. Después seguimos caminando hasta llegar al castillo del huevo (sí, así se llama…) y después caminamos hasta tomar el metro e ir a la mejor pizzería para comer. Esta vez no tuvimos que esperar y pedimos una Margherita cada uno: Un manjar nuevamente. A la salida pasamos al café de al frente y me pedí un café Nutella, que más que un café es como un postrecito que viene con crema Chantilly y todo. Además un croissant relleno de chocolate. Algo chistoso fue que después de pedir el café Nutella se me acercó el barista a preguntarme si yo estaba de acuerdo con que él hiciera el café Nutella de una forma especial que a él le gusta. Obviamente me lo dijo en italiano y entendí menos de la mitad jajaja así que le dije que sí nomás. Supongo que la crema Chantilly y eso era parte de su enjundia.

Después caminamos al hotel y cachamos que había un partido de fútbol importante porque toda la gente se puso a gritar cuando hubo un gol. Era un partido de la Champions League Del Real Madrid contra el Nápoli (tristemente el Napoli partió ganando, pero al final perdió 1-0). En la casa vimos una película en Netflix que se llamaba Dukhtar que pasa en Pakistán y se trata de una mamá que se escapa de su pueblo, junto con su hija para salvarla de un matrimonio arreglado. Después Morfeo hizo de las suyas.

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