Ciao Italia! Holiwi Parigi!

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El día de la vuelta a la realidad. Había que dejar el hotel antes de las 10 am, que curiosamente coincidía con la hora de término del desayuno. Por lo tanto nos despertamos tipo 8:30, nos bañamos, ordenamos y partimos a entregar las llaves y tomar breakfast. La mina de la recepción era toda pesada y no se le entendía una mierda de inglés, pero bueno. El desayuno era el típico buffet de cosas medias malas y con sabor a muerto, pero al menos uno puede sacar mucho de lo que le gusta jujuju.

Al terminar dejamos las mochilas en la recepción y partimos a dar las últimas vueltas por Nápoles, con la idea de aprovechar de ir a lugarcitos que nos faltaron como la piazza nazionale y alrededores. Básicamente era el barrio que estaba hacia atrás de la estación de trenes y, hay que decirlo, era bastante flaite. Paseamos un ratito por una feria que vendía tanto ropa como frutas y entremedio encontramos un pequeño negocio que vende cosas dulces y entramos a comprar el frasquito de marrasquinos que a la Spatsy tanto le gusta! Aunque los marrasquinos son asquerosos jaja.

Seguimos dando vueltas hasta ir a los alrededores de la catedral y aprovechar de dar el último paseito, de manera que terminamos llegando (de manera no accidental) a la misma cafetería del día anterior a tomar un segundo desayuno, dejar pasar un poco la hora. Estuvo entretenido. Como ya estamosmedios viejos, nos fuimos al hotel a buscar nuestras cosas con el plan de ir temprano al aeropuerto, pero antes pasé a comprarme una pizza fritta (que literalmente es una pizza frita). En Pompeya habíamos probado una que estaba asquerosa, así que no le tenía mucha fe, pero dado que es la especialidad de la ciudad decidimos darle una segunda chance. Y afortunadamente porque estaba exquisita! Era un lugar que se veía medio turístico en la Piazza Garibaldi pero que termino siendo un verdadero manjar, como una empanada pero versión pizza. Tenía mozzarela, salsa de tomate y ricotta.

Post pizza frita cruzamos la calle y tomamos el bus de las 12:35 hacia el aeropuerto. Desde aquí todo transcurrió muy normalmente: pasamos el control de seguridad muy lentamente, esperamos a embarcar, nos sentamos en el avión, dormitamos durante un par de horas, aterrizamos, salimos del aeropuerto, tomamos el RER y llegamos a la casa. Estábamos bien cansados y un poco atrofiados de tanto viajar, dormir sentados y tener acostarnos en camas duras como palo. Igual me sorprendió un poco que el hecho de llegar a París nos causara tan poca emoción, en el sentido turístico. París ya se ha convertido en nuestro hogar y cada vez tiene menos esa esencia mística de la antigua ciudad, pero es raro pensarlo.

Una vez en la casa ordenamos las mochilas, nos pusimos a lavar ropa (porque estaba toda sucia!), yo toqué un ratito saxo y la Spatsy hizo sus lentejas rojas, que estaban más ricas que la Churchill. Después de eso nos dormimos como un canapé en un cocktail de evento farmacéutico.