Ilegal por un día: la historia de un pobre sudaca

La Spatsy se fue pseudo temprano a clases y yo estaba destinado a trabajar, tocar un poco de saxo y llamar a la prefecture de police para cachar que onda con mi visa. El tema era este: mandé por correo los papeles para renovar la visa, pero la visa venció ayer. Por lo tanto, si uno hace simples matemáticas se da cuenta que estoy de ilegal…. Así que llamé para preguntar que pasa en este tiempo en que no tengo visa y la renovación no está lista y la señora de la prefecture me dice de los más natural: ‘bah! tienes que venir a buscar el ‘récépissé’! obviamente….!’. Obviamente la wea no decía en ningún lado que necesitaba ese papel, pero bueno uno se acostumbra de a poco al absurdo de los papeleos.

Tuve que partir a fotocopiar unos papeles y después a la casa de la Clarita a buscar una cuenta de luz de su mamá, porque me pedían un par de documentos para el trámite. La Clarita estaba con su tía Isabel y una amiga que es refugiada Siria. Claramente no era de los refugiados que se ven pidiendo plata en el metro, sino que ella estaba estudiando y llegó hace un par de años a París. Contó un par de cosas respecto a como se escapó su mamá y era bien espeluznante, como las historias tétricas de nuestra dictadura.

Después fui a la prefectura a hacer las infinitas colas para poder llegar a tener mi famoso ‘récépissé’. Literalmente la modalidad era esta: Hacer una fila 20 minutos para que te den un número y esperes otros 15. Luego te llaman para verificar papeles y darte otro número y esperar 10 minutos a que te llamen. Lo que nadie te dice es que el siguiente paso es en otro edificio que estaba a una cuadra. Bueno todo ese weveo para que te den un papelito más chanta que la mierda, con tu foto tamaño carnet corcheteada encima y que sirve como permiso de estadía provisorio.

A la vuelta me fui a la universidad de la Maldiu y nos juntamos en la rue d’Ulm. Caminamos al barrio latino y nos comimos un merecido Crepe con nutella en un lugar entero fancy. Después caminamos al Pompidou con la intención de ir a ver la exposición de Josef Koudelka, pero los muy maracos estaban cerrados porque estaban en huelga indefinida. Supongo que es parte de vivir en París, que siempre te puede tocar una huelga inesperada.

Tuvimos que seguir caminando hacia el Marais, pasamos a un jardincito interior muy lindo y después pasamos a una tienda japochina que tenía unas camisas de lino muy lindas. Después nos tomamos el bus a la casa y cocinamos unas lentejitas rojas con arroz basmati. Estaba riquísimo, pero ambos terminamos medios agitados de guata jajaja.