
Y salimos de la casa los cuatro camino a la estación St.Lazare bien tempranito para tomar el tren hacia Vernon y conocer la primaveral casa de Monet. Nos tomamos el tren, la Isi durmió y escuchó música, mi mamá escribió y yo traté de dormir…creo que Puchunco también. Llegamos y hacia un frío terrible así que nos metimos a un cafecito al lado de la estación, creo que nos pedimos unos cafés que llegaron medios quemados pero fue bonito…el dueño del café tenía un perro bien grande al que le tiraba un juguete y el se lo pasaba y así hicimos hora hasta decidir tomarnos un taxi hasta Giverny.
Llegamos al pueblito y las casas ya nos empezaban a contar lo que veríamos en unos ratito, jardines repletos de tulipanes de todos los colores, la luz que producía transparencia entre los pétalos de las amapolas, casas de todos los colores…
Estábamos segundos en la fila, ansiosos por entrar. La doña Carolina tuvo la excelente idea de entrar al tiro a la casa porque después se llenaría de gente. Yo me enamoré, la cocina era preciosa: tonos azules, cerámica, ollas de cobre, un mesón gigante…
Miraba a mi mamá fascinada: buscando colores, contrastes, luces y movimiento con su cámara para seguramente pintar un cuadro que logrará mantener el recuerdo de este precioso viaje. Cuesta describir la sensación que me produjo estar ahí…el olor a flor de la pluma, los colores, la primavera en su esplendor.
Después de Giverny partimos de vuelta…nos costó un mundo encontrar taxi, estábamos más nerviosos! El Maldi tenía que ir a cuidar a los niños y nosotras partimos a Decathlon a comprar cosas para el tenis del mono.
