Día de viaje Chuai Chuai

La primera misión del día consistía en ir a buscar el auto a las 8:30 a Saint-Lazare, lo que obviamente no ocurrió. Todo estaba bien ya que teníamos dos horas de plazo para buscarlo y no perder la reserva, pero de todas maneras con la Carolita tuvimos que correr un poco para llegar a la hora. La señora del arriendo era la típica vieja francesa simpática-dura-media histérica, pero nos dio un auto más grande que el que arrendamos porque encontró que el otro era muy chico para cuatro personas. Fuimos a la casa a buscar a las señoritas que tenían todo listo e incluso habían preparado unos ricos pancitos para almorzar en el camino.

Una de las gracias de salir en auto es que tienes a libertad de pasear por lugares que implican un desvío del camino e ir haciendo un viaje mucho más improvisado. Así que cuando vimos un cartel que anunciaba un castillo cerca decidimos pasar. La decisión se requetecontra confirmó cuando la Puchunca buscó en internet una foto y dijo: «Chucha! es la raja, tenemos que ir!». Es el castillo de Pierrefont. Nos perdimos un poco en nuestra ruta, pero logramos llegar después de una media hora al pueblito en que estaba el castillo, que era el típico caserío precioso al lado de un río, con casas de piedra y el castillo en una colina. Caminamos un rato y nos dirigimos al Castle, que era tan imponente y (o)pulento como prometía. Entramos al castillo y recorrimos sus congeladas piezas. Era muy impresionante porque más que un castillo era una fortaleza con una plaza central y las diferentes partes al rededor. Muy estilo feudal jaja.

A la salida del castillo nos sentamos en unas banquitas a comer los shanwishitos mientras mirábamos el castillo y la Spatsy hablaba con la Patou por teléfono… Fue agradable en demasía y maravillozo por excelencia. Así nomais. Luego retomamos el camino hacia Colonia y no hay mucho que agregar, más allá que la llegada a la ciudad fue un poco traumática, porque no lográbamos llegar a la dirección exacta y ya estábamos en la hora de encuentro. Además los alemanes son bien poco tolerantes a autos errantes y perdidos por la ciudad, por lo que nos regalaron varios bocinazos y reclamos jujuju. Al llegar al depto Oliver (el dueño del depto) nos estaba esperando, pero nos contó encontrarlo. Era un poco pelotudo y no hablaba taaan bien inglés, pero nos explicó bien como funcionaba todo y todo anduvo bien a excepción que cachamos que no teníamos wifi. El depto igual no estaba muy bien equipado y la ducha estaba tapada así que el agua se acumulaba bien asquerosamente. What ever. Salimos a dejar el auto al estacionamiento barato y tuvimos un momento de desesperanza ya que nos contó encontrarlo y una vez que llegamos tuvimos que buscar monedas para pagar el parquímetro. Después volvimos a caminar por el barrio.

No cachamos muy bien la onda de la ciudad ya que estaba todo medio apagado y además uno se tarda un poco en hacerse una idea clara de cómo es la onda. Pasamos por una calle llena de tiendas que entusiasmaron a las señoritas porque se veían cool, luego seguimos hasta una calle con harta vida en donde encontramos un supermercado perfecto para una compra nocturna. El supermercado se llamaba Rewe. Decidimos comprar unas pastas frescas y les pusimos salsa de tomate. Jugamos carioca y disfrutamos de una linda tarde familiar con la guatita llena y el corazón bombeando.