Último día en París: paseo por las islas

Yo fui en la mañana a la sala de ensayo a tocar saxifon, mientras que las señoritas salieron a hacer el últimos paseo, quizás uno de los más lindos de esta city. Caminaron por las islas y sus alrededores. Habían pensado subir Notre Dame, pero obviamente estaba muy lleno.

Nos encontramos en el puente que a la Maldi tanto le gusta, que une las dos islas, y nos quedamos viendo a una banda callejera que tocaba jazz gitano. Eran buenísimos. Dimos unas vueltitas por ahí y caminamos hacia el Pompidou para juntarnos con la Patou.

Comimos unos paninis al lado del Ircam y los disfrutamos mientras esperábamos cagados de frios a que la señora llegara a nuestro encuentro. Después de juntarnos nos metimos a la fila rápida del Pompidou y entramos, nos metimos a ver la librería que es preciosa y después subimos a ver París desde la altura. En verdad es maravillozo. Al bajar nos metimos a la exposición de fotos de Joseph Koudelka y quedamos fascinados con lo especial de sus fotografías. Todo lo que se presentaba estaba rodeado de una mística especial, contaban historias con mucho contexto y sus personajes son criaturas extrañas.

Nos encontramos con la Clarita y fuimos al Forum Les Halles para que la  Isi se comprara un par de pilchas que le faltaban. Ahí nos despedimos de las señoras francesas y fuimos directo hasta la épicerie italiana de Montmartre a comprar insumos para la comida de despedida.

Hicimos raviolitos (millones) con una salsa de tomate preparada por nosotros, además de la clásica ensalada de mozarela con tomate y un buen vino. Además la Puchunca y la Caro se compraron unas alcachofitas asadas que vendían las señoras italianas. Fue muy muy rica la comida, aunque un poco triste porque era el augurio de la partida inminente. Jugamos el último carioca (que se convirtió en un rito sagrado durante su estadía) y afortunadamente yo gané.