
Como ayer le dijimos que sí al señorino del tour, nos empezó a tratar como kings y nos había prometido desayuno en la pieza para hoy. Así que nos levantamos muy dubitativos no sabiendo si esperar a que el desayuno emergiera hacia nuestra pieza o si ir a bañarnos y partir el día nomás. Decidimos hacer la segunda opción y una vez limpios bajamos a tomar desayuno a las mesitas del riad. Ahí nos trajeron el té a la menta, una pseudo omelette, un pancito/tortilla muy raro y sabroso, mermelada y tahine.

Habíamos pedido un guía para que nos paseara por la media y nos mostrara todo lo importante, pero el señorino no llegó a la hora acordada y salimos a dar una vueltita mientras esperábamos. Después de un buen ratonos dijeron que el señorino tuvo un problema y no pudo venir, así que salimos a recorrer por la nuestra! La Medina es un gran despelote, pero no es tan difícil guiarse porque se estructura en largas calles comerciales con pocas intersecciones. En el fondo el recorrido para turistas está bien definido y si tratas de ir por callecitas chicas no comerciales la gente te dice que no vayas y que está cerrado.
Siguiendo nuestro instinto felino y tratando de entender un poco los mapas del celular, llegamos a unas mezquitas que eran muy lindas por fuera, pasamos por callejoncitos que parecen de película y vimos gente muy (muy[muy{muy}]) extraña que forma parte del panorama clásico de la ciudad. Llegamos al museo de la madera y decidimos entrar porque era bonita la construcción. Como museo era medio como el pico, pero era muy interesante ver algunos artefactos y ornamentos típicos marroquíes, el edificio tenía una terraza bacán en que se veía otro Fez. Ahí tomamos un té a la menta mientras le echamos un look al Lonely Planet para ver qué lugares importantes teníamos que tratar emde encontrar en ese caos llamado Medina.
Tratamos de llegar al lugar donde se tiñen los cueros, pero llegamos a unos barrios poco turísticos y medios flaites en que a mi pobre puchunca la miraban como si fuese un vaso de agua en el desierto (o una sopaipilla pasada, en un día de lluvia), así que al cachar que no había ningúna señal de cueros nosdevolvimos. Después de dar un par de vueltas y cachar aue estábamos cerca, seguimos a un grupo de argentinos que estanan con un guía y llegamos a la papa misma: un gran edificio que vendía todo tipo de artículos de cuero y desde la terraza se veían los grandes recipientes en que remojan los cueros para teñirlos y rasparlos. El olor era tan asqueroso que cuando entrabas te daban una rama de menta para que olieras y pensaras en cosas lindas. Era impactante ver la gente que trabajaba en el proceso del teñido y cómo eso sigue siendo así hoy en día. Dimos una vuelta por la megatienda, en la que sorprendentemente nadie trataba de vendernos nada, hastanque enpezamos a ver babuchas para nosotros. Después de probarnos unas cuantas (no nos gustaron tanto) llegó un viejo y mos preguntó cuantasqueríamos comprar y al decirle que para nosotros nomás, nos empezó a dar un sermón que ellos vendían al por mayor y no daban garantía, así que teníamos que comprarlas en otra parte. Al salir de la pieza en que estaban las babuchas el señor apareció de la nada y nos señaló la salida, como una forma sutil de echarnos! Y ahí cachamos que fuimos unos flaites, porque ese lugar era de venta al por mayor y para entrar había que estar con guía contratado y nosotros nos colamos con los viejos argentinos! Además que tuvimos la mejor vista de todas de los recipientes de teñido y no pagamos ni un solo peso (al rededor había otras terrazas con gente mirando, pero eran pagadas). Nos dió mucha risa cachar que fuimos expulsados por andar de polizontes.
Volvimos a la casa a remojarnos en aire y salimos a almorzar a ‘Chez Said’ que nos recomendó la Belen (saludos si estás leyendo esté post!!), que estaba como a una cuadra de la puerta azul. Resultó ser que era riquísimo!! Pedimos un taboule, unas berenjenas y zapallitos asados y unas brochetas de carne. Estaba de verdad del one. Además que como entrada nos regalaron un platito de lentejas, que estaban pulentas pulentas. Salimos con la guatita media llena y entramos a la mezquita Bou Inania que tenía una onda parecida a la de París, pero tenía muchas más decoraciones en las paredes. Es impresionante como todo está adornado con patrones: de mosaicos, tallados en madera, en bloques de yeso, etc. Fue muy especial entrar.
Decidimos salir de la Medina para ir al parquecito Boujloud que está después de cruzas la plaza con el mismo nombre. Más que plaza era una gran explanada de concreto en que había autos estacionados, niños andando en moto, gente caminando y unos viejos exhibiendo a unas serpientes (como vendedores ambulantes). Llegamos al parquecito que resultó ser precioso, con una gran variedad de arboles altos, un rio con sus respectos puentecitos, un laguito con palmeras al medio, flores (principalmente orejas de oso y rozas) y varios wachiturros. Es pa la caga ver como los wachiturros son iguales en todos lados. Nos sentamos a la orilla de la laguna para descanzar un rato y una niña que está al lado me pidió tomar agua de nuestra botella, a lo que le respondí que sí. Ahi fue cuando cachámos que al lado tenímos un grupo de como 10 niñas de entre 9 y 14 años acompañadas por una adulta y que por alguna extraña razón quedaron fascinadas con nosotros. Mos quedaban mirando mientras cuchicheaban cosas en árabe, le dijeron a la Puchunca que era muy linda, nos empezaron a hablar en francés e incluso se nos sentaron unas pocas al otro lado (com rodeandonos). Estaban encantados con que veníamos de París jajaja. Además le encantó que al decirnos ‘Assalamu Aleykoum’ les respondiera correctamente. Después pidieron disculpas por ‘molestarnos’ a lo que les dijimos que no wevearan juju.
Seguimos caminando y nos volvimos a la Medina para dar un paseito chico y tomar un jugo de naranja que compramos en la calle. En este raro nos volvimos a encontrar con el grupo de niñas varias veces. Cuando cachamos que estábamos bien cansados volvimos a la pieza y nos dormimos como una hora.
Tipo 7 salimos al ‘Clock café’ que vimos que los Domingos tenía música en vivo. Teníamos miedo de que la música fuera alguna wea rock/pop en inglés, pero para nuestra sorpresa era un grupo de música árabe muyyy bueno. Estaba lleno de gente árabe bailando y pasandola muy bien, además de muchos turistas comiendo. Nos pusimos en la terraza y la Puchunca pidió un plato de falafel+taboule+hummus, mientras que yo una hamburguesa de camello!!!! Venía muy condimentada la carne, así que no logré cachar muy bien el sabor de la carne sola, pero era muy rico y sobretodo que era bacán la experiencia.

Volvimos a la casa y ahora la Puchinca duerme mientras abajo se escucha una pareja de españoles peleando jajaj.
