Adios camellitos, hola infección estomacal

Dormir en el sahara fue toda una experiencia, salvo que la parte en que nos despertamos fue igual de sufrida que siempre: la Puchunca diciéndome que ya es la hora de despertarse y ho medio moribundo empiezo a cachar dónde estoy parado. Tratamos de comer los guafles de miel (la Spatsy les empezó a decir guafres jajaja) que habiamos traído pero descubrimos que habían sido conquistados por las hormigas, asi que se fueron directo a la basura. Yo tenía que ir al baño y fue ahí donde empezó el horror: diarrea fulminante, en estado líquido y viscosidad baja. Estaba hecho mierda. 

Nos subimos a los camellos y empezamos el viaje de vuelta con la intención de ver la salida del sol, pero estaba tan nublado que no se notaba nada… Tuvimos la oportunidad de ver otra vez a nuestros amigos camellos y despedirnos de ‘che guevara’. A penas nos bajamos el guía nos empezó a vender unas artesanías que supuestamente él hace y nosotros pensamos en comprar para la tiendita. El problem es que el weon quería vendernos mucha plata y nosotros le compramos solo un par de cosas, asi que se enojó!! Bueno, después fuimos a bañarnos y tomar desayuno que para variar consistía en: té a la menta, pankakes marroquies, pan, mermelada mala y mantequilla. Yo comí solo pan y té pensando en la guata. 

Después partimos con la japochina y las holandesas hacia Todra en un autiro bien pichiruchi. En general el viaje se pasó bien, pasando por pasajes desérticos y secos, que a ratos se convertían en oasis llenos de palmeras y otras veces en paisajes con montañas rocosas. Paramos a almorzar a un lugar que tenía un patio en desnivel muy bonito, lleno de plantas y sombras que te acogían del calor.  La Cachimurra se pidió una ensalada, muu sabiamente. Yo pedí unas repugnantes brochetas de pseudo pollo que no pude terminarme. 

Al repartir el viaje me sentí medio mal de la guata, como una premonición diabólica. Cuando llegamos aun angosto valle rocoso en que uno se sentía atrapadonpor montañas de piedra con formas extrañas, nos detuvimos y nos bajamos para ir al hotel. Nos tuvieron un rato esperando antes de mostrarnos las piezas así que le cachamos la onda al lugar: pasado a meado de gato, con hartas terrazas para tomar sol y una piscina. El lugar era muy bonito. 

Una vez en nuestros aposentos nos dijeron que un guía pasaría en un par de horas así que teníamos que estar listos. Con la Potranca nos dormimos y al despertar fui al baño con urgencia. Hiroshima y Nagasaki. Nave espacial despegando. Alemanes cantando polka. Todo eso describe los horrores que ocurrieron entre mi maltrecha guatita y ese desdichado guater… Estaba hecho pico y ya no se trataba de comer mas liviano nomás. 

Igual salimos a pasear con el guía que resultó no estar ni ahí con nosotros, pero nos mostraba algunas plantas y cosas interesantes mientras paseábamos bordeando el riachuelo. Después subimos al camino principal y nos adentramos a la parte más angosta de este cañón rocoso y vimos como empezaba a haber puestos de artesanías y grupos de turistas. Habíamos llegado a una parte típica. Llegamos hasta el punto en que nave el río, donde sale agua desde el suelo para alimentarlo. Ahí dimos media vuelta e hicimos el mismo camino que a la ida, solo que me empecé a sentir pésimo y tuve que llegar corriendo al baño. 

Desde este punto en adelante todo se reduce a una Puchunca acostada al lado mío cuidándome, yo semidormido, sufriente y miserable que se levantaba cada una hora para ir al baño. Un par de veces también vomité. La Puchunca solamente se fue para comprar agua y para cenar. En la cena estuco con la japonesa y hablaron un rato, por ejemplo ella le contó que trabaja 14 horas al día………. Y que lo encontraba normal!!!!! Trabaja con viejitos con discapacidades físicas. 

En la mitad de la noche me desperté sintiéndome un poco mejor y supe que lo peor ya había pasado, adiós agonía.   

Deja un comentario