El peor viaje de la historia

Nos despertamos llenos de alegría, cual salmón de río entre las piedras. Fuimos a tomar desayuno y esta vez no nos tocó la mesa de las moscas, así que todo parecía ir viento en popa. Nos dijeron que nos  venía a buscar nuestro auto entre 10:00 y 10:30, así que nos instalamos al lado de la piscina a jugar monopoly y comer unos pistachos que fui a comprar entremedio. 

Cuando ya eran las 10:45 nos inquietamos así que fuimos a decir: ‘q wea loco q no ha llegado nuestra maquinah!?’, a lo que nos respondieron que estaba por llegar y que fueramos a esperar afuera. Ahí nos enteramos que la vida no es tan simple y que primero un taxi nos llevaba hasta un café y después un minibus nos eecogía para llevarnos hasta Marrakech. Dicho y hecho. El bus era una pocilga con ruedas que estana llena de sucedáneos de gringos y nos tocaron los puestos más añretados de todos, ni siquiera nos cabían las piernas! Y no es una forma de decir, mis piernas eran muy  grandes para el espacio que dejaban así que tenía que recogerlas hacia un lado para entrar. Fueron muchas horas así. Muchas. Muuuuuuuchas. 

Paramos en restorán a comer y con el dolor de nuestra alma nos pedimos un couscous para compartir, que estaba medio maluco, con una ensalada marroquí y unas frutas de postre. Ahí hablamos un poco con la gente del bus y cachamos que había unos holandeses, unos ingleses y unas españolas más chulas que la Churchill. Después de comer partimos nuevamente y paramos unas cuantas veces a tomar té, a que una viejuja comprara un perfume y a que una niña vomitara. El camino era una transición ligera entre montañas rocosas, desierto, valles de tierra roja y muchos pinos. Era bacanísimo a no ser porque estábamos profundamente incómodos y el sol le quemó el brazo a la Spatsy (tanto que quedó roja como una salchicha). 

Terminamos llega do a Marrakech a las 8:30 en vez de a las 7:00 y nos encontramos con el compadrito que nos llevó hasta nuestra pieza. El barrio se veía medio flaitungo porque era bien oscuro, solamente había callecitas angostas y gente rara. La pieza está buena, es limpio y tenemos todo lo que unos mozuelos como nosotros pueden pedir, a excepción que el baño está en otro piso que la pieza y que nuestra ventana da hacia donde el dueño hace mucho ruido. Pero bueh… 

Salimos a recorrer un poco, pero como ya era tarde y no cachábamos la onda aún, decidimos comer en un restorán piola que encontramos cerca de la casa que se llamaba ‘la porte du monde’. La Potranquita se pidió unos fideos con salsa y verdutas, mientras que quien os escribe se pidió unos fideos con pesto. Ustedes pensarán: ‘pero que pelitudos de ir a Marruecos a pedirse unos fideos!’. Resulta ser que la comida tradicional es solamente couscous y tajine, así que ya estamos chatos de comer eso literalmente todos los días jajaja. Esos fideos fueron bien valorados.

Después nos fuimos a la casa ynos dormimos relativamente al tiro. Adiós a todos, cambio y fuera, arrivederci, jamón y queso.