Alfalfa 

Ayer después de la muerte de Puchunco, que duró solo esa noche, fuimos bien temprano a tomar desayuno. El mozo pesado nos puso en la mesa de las moscas…y no nos ofreció nada (fruta y omelette que a los demás les ofreció…el culiaito). Cuando digo mesa de las moscas es real, estaba lleno de esas malditas que se paraban en nuestra propiedad! El Puchunco tomó un té de manzanilla y unas migajas de pan solo y yo un té a la menta (de los peores que he probado) con un «crêpe marroquí». 

Después de ese desayuno fuimos a jugar cartas al lado de la piscina esperando a ver cómo reaccionaba esa guatita del maldi. Jugamos con nuestras infantables cartas de monopoly y el Maldi me hizo bolsa. 

Las holandesas y la japonesa se nos fueron así que quedamos solitos!!! 

El Maldi pasó la prueba así que salimos a caminar hacia el oasis de las palmeras, llamados palmares (AKA los pelmazos). 

Partimos caminando por el río, vimos a las mujeres cosechando alfalfa (es una palabra de origen árabe!), otras lavaban ropa y la secaban sobre las piedras y de repente apareció un letrero todo flaite que anunciaba un museo. Nos dirigimos hacia allá, diciendo salam a todo el mundo (salam es la versión wachiturra de buenos días). En el camino aparecieron otros letreros que anunciaban el museo así que nos empezamos a meter por unos caseríos….y bueno, el museo no existía pero si un guía que se nos quería colar para cobrarnos algo después. Así que con el rabo entre las piernas subimos a la carretera para llegar a las palmeras. 

El calor que hacía era satanico!!!! Más que el calor era el sol! Espantoso!!! Así que después de haber caminado 40 minutos y cachar que faltaban 40 más decidimos parar un taxi de la zona para que nos avanzara. El señor nos dejó en una entrada que no tenía pinta de nada…pero entramos igual. Bajamos una escalera estilo playa Caucau, habían unos cuantos burros en la entradas de las casas de adobe pero bueno…según el chofer era por aquí. Al final de la escalera habían unas plantaciones de alfalfa enormes con amapolas rojas que crecían como si fueran malezas. Caminamos haciendo equilibrio por las subdivisiones de cemento que habían entre plantaciones hasta llegar a las palmeras. En el camino saludamos a todos pensando que en algún momento nos preguntaríamos que hacíamos paseando por propiedad privada pero nada… así que disfrutamos perdiéndonos entre las plantas y encontrándonos con burros cargados de alfalfa. 

Después de un buen rato tratamos de subir entre medio de las construcciones hasta llegar a la carretera y tomar un taxi. Paró un taxi con puros hombres y yo era la única mujer. Llegamos al hotel, compramos la quinta botella de agua de 1,5L y nos acostamos un rato. Jugamos Almorzamos medio tarde en el mismo hostal, pedí ensalada marroquí y el Maldi arroz solo. De postre para mi frutas y el Puchunco un té.

Cuando la gente del hostal supo que el Puchunco estaba enfermo le querían dar Coca-Cola con leche, té con comino o arroz con limón!

Después partimos a jugar Monopoly cerca de la piscina y al rato salimos a caminar. Esto de jugar Monopoly después de comer tiene que ver con que estábamos esperando a ver cómo reaccionaba la guata del Puchunco! 

Hicimos un camino lindo bordeando el río para ir a mojarnos las patitas en el agua cristalina! Nos cagamos de frío al meter los pies! En esa caminata vimos a familias  nómadas que se pintan la cara con líneas y puntos negros bien grandes, se visten con harto color y están re-cochinas! En el día bajan de la montaña a buscar agua al río y en la tarde vuelven a subir. 

Nos volvimos por las plantaciones de alfalfa y una señora nos anduvo echando porque nos perdimos jijijijiji pero llegamos bien después de un rato. 

Comimos el menú, que era ensalada «variada» básicamente todos los restos que van quedando con rodajas de naranja para decorar, couscous vegetariano y sandia con melón de postre! Al lado se nos sentó una pareja muy rara, entre un francés medio pesado y autoritario con una mujer oriental que daba la sensación que la había comprado por internet!

Después nos acostamos u vimos el debate de Macron y Le Pen hasta que nos dio sueño. 

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