Marrakech, todo en un día

Hoy partimos súper temprano, lo cual es extraño en nosotros, pero esta vez se dio de manera natural. Salimos tipo 9 am y lo primero que hicimos fue comprar un pancito solo que sirvió como parte del desayuno. La ciudad es otra en la mañana, súper tranquila y sin motos ni bicicletas. Las tiendas están recién empezando a abrir y los turistas siguen escondidos. Llegamos a la plaza principal ‘Djemaa el Fna’ que es la GRAN atracción de la ciudad, pero a esta hora solo encontramos los puestos de jugo de naranja y algunos pocos pelagatdos dando vueltas. Nos acercamos a un puesto de jugo y nos regalaron un cachito de un mix rojo, que obviamente es más caro, para que lo robemos y eventualmente lo compremos. Estaba rico así que me lo pedí. aunque la Spatsy optó por el de naranja típico. Dimos una vuelta para cacharle la onda a la plaza, pero la verdad es que en sí misma no eran tan bonita y estaba media muerta aún.

Caminamos hacia la gran mezquita ‘Koutoubia’, que es la más antigua y es muy bonita. Se nota que la construcción es más vieja y tiene algo que la hace especial respecto a las otras. Obviamente no pudimos entrar así que nos conformamos con verla desde afuera. Nos sentamos un rato a planear el día y cachamos que la ciudad era súper chica! (o al menos la parte turística). Fuimos caminando a la fuente Mouassine que salía anotada como un lugar importante, aunque resultó ser media fomecita. Parece que tiene un gran valor histórico y que solía ser magnífica, pero ahora es una fuente bien chanta. Ahí había unas callecitas muy comerciales que se veían chorifais.

Pasamos a un restorán que recomendaban en el Lonely Planet, que se llamaba ‘Le Jardin’ y que era precioso. PRECIOSO!!!!!!!!! Tenía una gran terraza entera verde muy bonita, con tortugas sueltas dando vueltas y una decoración muy linda. Nos sentamos a tomar un té, ya que todo lo demás era entero caro. Lo tomamos lentamente mientras disfrutábamos la sombrita y el ambiente, sin mencionar que las tortugas nos atacaron e intentaron comerse nuestra piel. Afortunadamente logramos desviar su atención y nos salvamos. Salimos del resto y fuimos a la ‘Ali Ben Youseff Medersa’, un antiguo centro de estudios teológicos que ahora es un museo. El tipo de construcción era parecido a un riad, pero gigante: Era un gran patio central con una fuente al medio (no tenía agua…), cerámicas con patrones, techos de madera y grandes piezas con techos pintados. Por dentro estaban las piezas de los ex estudiantes y otras salas, que estaba bien venidas a menos y eran un tanto repetitivas.

Después fuimos al museo de la fotografía que según la guía de viajes era cool. Dicho y hecho. Era una fundación privada que juntó muchas fotos antiguas sobre marruecos y en particular Marrakech y que muestra como era la gente y el estilo de vida que llevaban originalmente. Hay fotos desde 187tanto que era muy impresionantes, ver cómo los bereber se vestían y constatar que las medinas eran bien parecidas. Desde el techo la vista era linda.

Pasamos a almorzar una pizza por 2 euros cada uno y después pasamos a la casa a echarnos como focas. Mientras buscábamos donde almorzar llegamos a un restorán muy lindo, era una especie de jardincito muy tranquilo en medio de una calle muy transitada, así que decidimos reservar para la noche. Después de vegetar un rato en la pieza salimos a pasear con la misión de comprarle las cosas de la tiendita a mi mamá y pasear por la plaza, ya que en la tarde se pone más entretenida. Dando vueltas buscando joyas encontramos un local que vendía unos aros muy lindos bañados en oro, así que le regateamos al caballero y compramos varios para ‘La Tiendita’.

En la plaza tomamos un juguito de naranja y vimos un rato los shows que se arman. Era muy bacan, porque en general no eran shows para turistas, sino que expresiones culturales muy propias de la ciudad. Había unos viejujos que tocaban un pseuo violín y cantaban, había encantadores de serpientes, gente con monos esclavos que te cobraba para sacarte fotos, unos weones bailando, etc. Era muy entretenido, pero también estaba muy lleno de gente y para variar todos se tiran sobre los turistas para venderles lo que sea. De hecho pasamos al lado del sector restorán y fue satánico, nos acorralaron entre varios mozos y nos weveaban para que nos sentáramos en sus restoranes! La Puchunquita estaba desesperada jaja.

Después fuimos al resto que se llamaba ‘La Famille’, obviamente era de dueños franceses y resultó ser rico. Era bien caro para ser Marruecos, pero al comida era especial. La Maldi se pidió una ensalada de couscous, yo una pizzeta que venía con puré de arvejas y ensalada aliñada rico. Compartimos una tartaleta de frutillas de postre.

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